Opinión

La vida es un sueño

Nescimus quid loquitur

  • 15/12/2021
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“Los sueños, sueños son”, escribía Pedro Calderón de la Barca dejando en el aire cualquier conclusión relativa al significado de aquella palabra que ha orbitado en la vida cotidiana de la humanidad durante todo este tiempo.

¿En verdad los sueños son sólo eso?, ¿sueños?, a través del tiempo se han integrado al soñar, una gran variedad de significados, interpretaciones tan variadas como la trama, los personajes, el entorno y nuestro sentir al momento de soñar. Interpretaciones que buscan a toda costa destapar -a la vista de la imaginación, la ciencia y el ocultismo- lo que ocultan los sueños, si es que realmente esconden algo.

Soñar siempre ha estado entre nosotros como una actividad netamente humana. Entre todas las aristas que le conforman, desde las que narran nuestros más grandes anhelos y profundas pasiones; hasta nuestros más grandes miedos, y todos aquellos demonios de alcoba, que conviven cotidianamente con nosotros sin que el mundo se dé cuenta por completo de su personalísima presencia.

Otro enfoque de los sueños que ha sido popularizado, es visualizarlos en forma de viajes, con destino a un mundo onírico.

Esta versión busca espiritualizar la esencia misma de soñar y su relación con el soñador como un navegante. El terreno por el que nos movemos –sin movernos siquiera- lo comprende un plano astral sobrepuesto al mundo que palpablemente reconocemos, permitiéndonos navegar por lugares desconocidos, repletos de misterios ocultos, donde habitan personajes con formas, colores e intenciones diversas.

Lo que podemos confirmar las personas que hemos soñado, es que en el mundo de los sueños, los personajes principales mutan y la realidad misma se define por el azar.

Los rostros, formas y nombres son mezclados a placer, pero la esencia, la esencia de las personas con las que soñamos perdura en todo momento, porque podemos llegar a olvidar la trama, ciertos detalles y escenas de nuestros sueños, pero lo que no cambia al despertar, es aquella indudable certeza de que hemos soñado con alguien, con nombre y apellido. Ese recuerdo permanece, aunque lo demás se haya diluido antes de que nos toque el sol de mediodía.

Soñar que volamos. Siempre queda la duda si realmente lo hicimos. Aparecemos en algún lugar del mundo que vemos por primera vez; caminamos con ligereza o pesadez; damos pasos agigantados que nos colocan de inmediato en otra ciudad del mundo, o nos recluimos en la infinidad del espacio. Sueños vívidos donde vivimos a flor de piel lo que sucede.

Soñar que somos otros, que habitamos mitos, universos de fantasía de un tiempo pasado, presente o futuro; mitos que sólo podría contener la literatura fantástica.

Soñamos con fantasmas de gente que vimos morir, pero su recuerdo que vive dentro de nosotros, mantiene su pulso en una figura reconstruida con una voz que asimilamos suya, un par de ojos, una boca y cabello, estatura y complexión; conversan con nosotros otra vez más, por lo menos.

¿Cuál fue el último sueño que tuviste?, ¿lo recuerdas?, acaso fue una pesadilla donde la niebla te cubría por completo, o el piso se llenaba de arañas, hormigas; era en sí una barca que navegaba sin rumbo en mar abierto, rodeada de criaturas marinas que estremecían hasta los más expertos marineros; o simplemente se te caían las uñas al contacto, o los dientes se desprendían mientras pasabas el cepillo sobre ellos, o usabas hilo dental.

Quizás, en vez de ser una pesadilla, el sueño enmarca un encuentro con aquella persona que te gusta tanto, aquella persona que encarna tu ideal del amor; posiblemente le besabas, o tomabas románticamente su mano, como el cliché hermoso más cotidiano; ¿acaso hacían el amor?; trata de recordar, ¿cuál fue tu último sueño?, volabas, o sencillamente, soñaste que despertabas.

Los sueños, en sí podrían ser aspiraciones, miedos profundos, deseos sublimes de escapar de la miseria que en ciertas ocasiones se presenta como la vida; focos rojos que se encienden como luces de navidad ante nuestros ojos para gritarnos, “ahí no”, aunque al final sea nuestra la decisión de seguir hundiéndonos más.

Los sueños pueden ser un producto de Morfeo, o de la compleja mente humana que en ciertas ocasiones no sabe cómo decirnos las cosas, y se le ocurre contarnos historias. Quizás estamos complicándolo todo, y al final de todo, los sueños, sueños son, y ya.

Datos del autor:

Licenciado en Derecho por la Universidad Veracruzana

Consultor Político y de Comunicación/ Municipalista/ Humanista/ Escritor y poeta/ diletante de la fotografía.

Xalapa, Veracruz; México / Twitter e Instagram: @JAFETcs / Facebook: Jafet Cortés


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