Opinión

EL JUEGO DE LA NOSTALGIA

Nescimus quid loquitur

  • 03/08/2021
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Me atrevo a escribir que todos hemos caído en el juego de la nostalgia, sin darnos cuenta del todo. Hemos tropezado con esos recuerdos que les tenemos cariño, tomándolos con fuerza en el piso; pidiéndole al tiempo que dure un poco más.

Aquellas imágenes que nos remontan a épocas o instantes; aquellos detalles cálidos que nos abrazan a ratos de manera tierna o despiertan en nosotros las pasiones más profundas; aquellas tristezas que no han dejado de consumirnos; personas que amamos algún día, que quisimos o queremos. El asedio, en ocasiones, llega de golpe.

Todo lo anterior, orbita en el ayer y cada uno de nosotros lo refleja de alguna forma cuando aparecen frente a nuestro pensamiento, sin que tengan una hora precisa para abatirnos entre nostalgias. A veces suspiros, otras, sonrisas espontáneas; perdernos un rato, aferrándonos a estos recuerdos mientras se escapan de nuestras manos en el ahora.

Canciones, lugares, olores específicos; colores, libros, frases; películas, sabores; un sinfín de etcéteras, tan largo como queramos imaginarlo en este momento. Es el fuego que cataliza todo.

Ahora mismo, como yo en este momento mientras escribo, sé que estás pensando en alguien o en algún momento y con esto siempre viene la nostalgia.

Esto en sí, la nostalgia, siempre ha sido un punto rentable para el mercado a nivel mundial, que se aprovecha en todas y cada una de las industrias para vender.

Así, han aparecido series de televisión que se remontan cuarenta años al pasado, y rescatan toda la cultura pop de aquellos maravillosos años ochentas

Lo clásico, tiene esa categoría porque de alguna forma se vuelve inmortal, y de otra, porque la fórmula de la forma que sea va a funcionar.

El marcado ha relanzado videojuegos que se aprovechan del público nostálgico; cantautores y bandas de antaño que vuelven a tocar canciones con nuevos arreglos u ocupando algún nexo comercial con algún artista actual; películas animadas que renacen en forma de live action; segundas, terceras, cuartas, séptimas u octavas partes estrenadas de grandes sagas. Refritos del éxito.

Este juego de la nostalgia no es algo que se haya consolidado ahora, siempre ha sido una fórmula mágica para vender, porque en sí, no compramos los productos finales, sino las memorias que nos traen de todo lo bueno que vivimos, de aquellos recuerdos de tiempos antes del ahora. De alguna forma pagamos por ese viaje en el tiempo, compramos, aquellos relatos con los cuales nos identificamos.

Media Noche en París, se convirtió en una de mis películas favoritas no sólo por la forma en que Woody Allen construyó una máquina del tiempo entre las calles de París, sino por aquella nostalgia que despierta; dar un vistazo al pasado y poder tocarlo, una idea maravillosa.

Además de lo anterior, está el sutil debate que encarna entre líneas, sobre la idea romantizada de que los mejores tiempos siempre serán los de antes. Siguiendo ese camino, en algún momento, si no tenemos el suficiente cuidado, podemos quedarnos atascados ahí; perdernos en aquellas épocas de oro; dar vueltas en círculo en lo que fue; volvernos miopes del ahora.

La humanidad siempre ha tenido un sentido muy arraigado y profundo sobre la nostalgia y el miedo; ensimismándose en el ayer, y al mismo tiempo, ahogándose por el incierto futuro.

El tiempo y nuestra mortal esencia nos hacen ser así. Extrañar y atesorar nuestras memorias; preocuparnos y tenerle miedo a lo desconocido; pensar en el ahora desde lo que pudo ser, y no, desde lo que es.

Al fin de cuentas, qué seríamos sin aquellos recuerdos que tenemos, sólo moldes de carne y hueso, vacíos hasta la existencia.

Es inevitable caer en aquel juego de la nostalgia, porque en esencia es parte de nosotros mismos, que daríamos lo que fuera por regresar el tiempo y vivir de nueva cuenta aquellas historias, exprimirlas hasta la médula; y quizás, tomar otras decisiones, aunque al final de todo, no terminemos por estar completamente satisfechos con la realidad, cuando no hemos aprendido a soltar, y aceptar que no podemos tenerlo todo, no al mismo tiempo.

El chiste de la nostalgia es dejarla en aquel rincón donde permanecen los recuerdos y saludarle de lejos; y en ocasiones, es acariciarle suavemente y sentir su calidez, sin dejar que nos muerdan la mano.

Datos del autor:

Licenciado en Derecho UV

Analista Político/ Humanista/ Diletante de la escritura

Xalapa, Veracruz; México.

Twitter e Instagram: @JAFETcs

Facebook: Hablando de no sé qué.


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