Opinión

AMORES: Parte 1

Columna de Opinión

  • 25/05/2021
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El amor es un concepto abstracto, mutante, difícil de encuadrar y con esto no quiero decir que el amor sea complicado sino diverso; su forma, desarrollo, inicio y fin dependerán del contexto, la comunicación y el intercambio entre las personas que lo profesen. El error más común que cometemos los seres humanos es creer que existe un concepto inequívoco de amor, que se rige bajo reglas generales y que debería funcionar igual para todos. Esto último es una herencia del patriarcado, una herencia de aquellas que no rinden buenos frutos y solo dan problemas.

En los lunes de columna abriremos un espacio para discutir los mitos del amor romántico y las realidades del amor libre, y digo abriremos porque se necesita de la apertura de quien lee para que cobre efecto lo que postula quien escribe.  Esta discusión propone ideas basadas en el análisis de la comunicación no violenta y en los estudios feministas sobre el amor, pero no por tener tinte feminista deben dejar de leerlo los hombres o las mujeres que no forman parte del movimiento por decisión libre, la reflexión es para todas las personas. La caja de preguntas está abierta.

Ahora vamos a lo que nos truje 

Situémonos en el supuesto de las relaciones de pareja: ¿demostramos amor en la forma en la que nos enseñaron o en la forma en que nuestra pareja prefiere ser amada?, ¿cuál forma de recibir amor es nuestra preferida?

Hacer esta pregunta antes de aceptar compartir nuestro tiempo, espacio, ideas, metas y manifestaciones erótico-afectivas con otra persona nos salvará de muchos tragos de aceite crudo. Estamos atravesando el siglo XXI con avances tecnológicos brutales, pero aún con todo esto no hemos sido capaces de descifrar la forma de leer la mente entre seres humanos, por lo que dar por hecho la información que nuestra pareja tiene sobre nosotros es un salto mortal, la caída no promete ser placentera y tocar el suelo implicará una dolencia penetrante. 

Suponer agrieta la comunicación según lo que escribieron Paul Watzlawick y Marshal Roosenberg. La grieta se previene con una acción tan cotidiana que la olvidamos para tratar lo importante: preguntar. Preguntar a la otra parte o partes de la relación -para el caso de los poliamorosos- acerca de su percepción sobre el amor, la lealtad, el compromiso, el sexo, la felicidad, la libertad, el éxito y por supuesto, sobre sus formas de dar y recibir afecto. Entendiendo que todas las personas provenimos de distintos contextos, aunque estudiemos la misma carrera universitaria o hablemos el mismo idioma, todos venimos de familias distintas, con padres y madres distintos, situaciones económicas que varían, educación diversa, habitamos en calles distintas de la ciudad, comemos distinto, percibimos distinto y sentimos distinto.

Desde luego que con todo esto las personas también demostramos amor de distinta manera. Tengo una muy buena amiga que hornea pasteles deliciosos y cuando quiere recordarte que te ama, te envía una rebanada generosa de algún postre relleno de frutos, ¿podría mi amiga tener una relación sana con alguien que se encuentra a dieta?

Ni la dieta ni los postres serían el impedimento para una relación sana y recíproca, lo sería en realidad la falta de comunicación. La forma de querer de uno mismo no es la única válida para demostrar afecto, tampoco es que resulte erróneo querer a nuestra manera. En los extremos no se hallan soluciones compartidas, en el diálogo sí. Escuchar las necesidades del otro y la forma en que prefiere que le amen, así como demostrarle amor con las acciones que hemos aprendido en la vida, es el equilibrio que hace sentir a las personas amadas y escuchadas, y seguido de eso podríamos decir que plenas, correspondidas y felices.

Empecemos a amar desde la escucha activa, desde la reciprocidad y desde el intercambio de percepciones sobre la realidad, que la realidad no es una sino muchas, una distinta para cada uno. Desmitifiquemos el amor con nuestras parejas, nuestros padres, nuestros amigos. Hagamos del amor lo que es, amor y no un suplicio. Porque deconstruir el amor también es revolución, revolución es cambio y cambio es lo que más falta nos hace.

Reinventemos el amor y volvámoslo bálsamo.

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