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Gustavo pasó la noche en vela para recibir vacuna covid

Gustavo, de 73 años, durmió afuera del centro de salud de Las Granjas para recibir vacuna covid, con más de 100 adultos mayores ansiosos por recibirla

  • VÍCTOR M. TORIZ
  • 11/03/2021
  • 21:50 hrs
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Gustavo pasó la noche en vela para recibir vacuna covid
Gustavo y Víctor pasarán las siguientes ocho horas platicando como si se conocieran de años, en espera de la vacuna contra la covid-19.

El silencio dura apenas 5 minutos entre los desconocidos que se encuentran formados a media noche en el módulo de vacunación covid de Las Granjas, una colonia popular ubicada en la zona norte del puerto de Veracruz.

El viento que sopla libró a quienes integran la fila frente al Centro de Salud de los mosquitos, pero frío atípico que se siente los obliga a usar chamarras y sudaderas para aguantar la velada.

Gustavo y Víctor pasarán las siguientes ocho horas platicando como si se conocieran de años a pesar de que lo único en común es que ambos tienen más de 60 años y les anima pensar que la vacuna terminará con el encierro que impuso la pandemia de covid-19.

El municipio de Veracruz fue el primer centro urbano en el estado en el que se aplicó la vacuna contra el coronavirus. La campaña de vacunación inició el 9 de marzo y la logística planea que para el 19 de marzo se habrá de inmunizado a todos los adultos mayores de 60 años del municipio.

Para distribuir las vacunas fueron instalados 16 módulos en centros de salud y recintos estratégicos, además de que se dispusieron de más de 60 mil dosis para la primera aplicación.

Desde entonces los 16 módulos de aplicación de la vacuna fueron abarrotados por cientos de personas, aunque autoridades afirmaron que solo en el que se instaló en el Club de Leones hubo personas que hicieron fila una noche antes, lo cierto es que para el tercer día también hay personas durmiendo afuera del módulo de Las Bajadas.

Gustavo se arrepintió de no llegar más temprano

Cuando Gustavo llegó a la calle Texhuacan y la avenida Totutla de la colonia Las Granjas eran las 11:00 de la noche del 10 de marzo, las voces en coro de las personas que ya estaban formadas le decían que le tocaba el turno 64, apresurado caminó al final de la fila.

Gustavo Márquez, de 73 años, se llevó las manos a la cabeza, arrepentido de no haber acudido dos horas antes como lo había planeado se instaló en un banco de madera que cargó consigo y que se convirtió en el transcurso de la noche el único espacio para descansar de vez en cuando.

El primer día de la vacunación covid, Gustavo acompañó a su esposa a ponerse la vacuna en el mismo lugar, había acudido a las 6:00 de la mañana y salió a las 7:00 de la noche, por ahora se disponía a pasar la madrugada a la intemperie para no perder todo el día.

Gustavo tiene un negocio de jugos que abre desde las 6:00 de la mañana y cierra pasado el mediodía en el fraccionamiento Río Medio, hace un cálculo rápido en la cabeza y se siente seguro que para las 9:00 de la mañana esté abriendo la cortina del local para recibir a sus clientes.

La pandemia de covid-19 provocó que sus ventas cayeran, las ganancias a penas dejan para mantener abierto el negocio y no perderlo. De ganar mil pesos diarios antes de la emergencia sanitaria, ahora si deja un billete de 100 pesos libre de la inversión, se siente afortunado.

Pero el ingreso de la juguería solo le sirve para a completar el pago mensual de los servicios de su casa, el principal ingreso es la pensión que recibe de su jubilación en Ferrocarriles Mexicanos.

Por 30 años fue maquinista, antes de retirarse por jubilación durante la privatización de los ferrocarriles nacionales en 1995.

Cuenta que es originario de Tierra Blanca, hijo de un ferrocarrilero, prefirió dejar su trabajo en el sector salud combatiendo el paludismo y cuidando enfermos en la década de 1970 para recorrer toda la república a bordo de las maquinas del tren.

En dos horas da un repaso de su experiencia como ferroviario, desde las rutas en medio del desierto de Sonora donde lo único que se veían eran los señalamientos de cambio de ruta, hasta los peñascos en Colima que le causaban terror al ver los vagones de otros trenes que habían caído al vacío.

Sin embargo, fue en el puerto de Veracruz donde vivió uno de los accidentes que casi cobra su vida.

Recuerda que el tren cargado en el que viajaba estaba por ingresar al patio de maniobras, pero tuvo que frenar abruptamente porque quien daba los permisos de ingreso se había quedado dormido.

Más de 30 vagones y la locomotora se descarrillaron, los seis hombres que controlaban el tren salieron vivos entre los fierros retorcidos, para ser despedidos durante dos años antes de ganar una demanda laboral para reinstalarlos en su puesto de trabajo, comprobando que no habían sido culpables del accidente.

Recuerda que en ese mismo patio de maniobras del puerto de Veracruz conoció a Víctor Flores Morales, hoy secretario General del Sindicato de Trabajadores Ferrocarrileros de la República Mexicana.

Recuerda que el ahora líder sindical en sus inicios era un Llamador, el puesto más bajo en el escalafón, encargado de despertar al personal para avisar que era momento de salir con la carga.

Víctor Flores era un joven flaco y desarrapado que regularmente se le veía recostado en alguna banca fumando, pidiendo “una quintilla” de propina por su trabajo, que casi nunca se le negaba por parte de los trabajadores.

Años después lo vio rodeado de guardaespaldas pero no pudo acercarse a él, tampoco hizo el intento de hacerlo. Junto con sus compañeros jubilados de Tierra Blanca inició una demanda para que le sean devueltas las cuotas que por años los pensionados pagaron al sindicato, pero no quiere hablar más de eso.

Prefiere hablar de la vacuna, contando en forma regresiva el momento para que le sea aplicada. Durante la pandemia su esposa y uno de sus hijos se enfermó de covid, ninguno tuvo complicaciones de gravedad, pero la vacunación le da ánimos de que pronto se sentirá más tranquilo.

Víctor lleva encerrado siete meses

Víctor Martínez lleva siete meses encerrado en su casa en el fraccionamiento Lomas de Río Medio 4, la vacuna covid le permitirá reintegrarse nuevamente a su trabajo en una oficina de gobierno.

En agosto fue enviado por segunda ocasión a su casa con licencia, debido a que por su edad es vulnerable a que los síntomas del covid-19 se agudicen en su organismo en caso de que se contagie.

Su sueldo lo sigue percibiendo sin falta y sin descuento a pesar de no presentarse a laborar, pero afirma que no siente lo mismo que recibir a las personas para atenderlas.

Lleva 30 años en el servicio público y es la primera vez que se ausenta tanto tiempo, su jefe inmediato le avisó del inicio de la aplicación anticovid, para reintegrarse a su trabajo después de recibir la segunda dosis.

Tiene 65 años y vive solo, afirma que pasa los días pegado en la ventada de su casa viendo como pasa la gente, entre ratos se entretiene con el televisor o escuchando noticias en la radio.

No deja de fumar en toda la noche, salvo en los momentos en los que se acomoda un poco en la silla y cierra los ojos para dormir en breves momentos.

El cigarro es un vicio que alimenta todos los días y que lo mantiene tosiendo toda la noche afuera del módulo de vacunación de Las Granjas.

De los que se encuentra en la fila, Víctor ha platicado con casi todos los que se acercan, pero más con don Gustavo, quien se encuentra dos lugares a tras de él, entre ratos bromea y entre ratos se pone serio.

“No me lo vas a creer, pero esto de estar ahorita aquí, desvelándome, pasando frío y todo incómodo para mi es algo muy bonito, porque llevo siete meses encerrado sin hablar casi con nadie y me alegra convivir con más personas, me alegra que la vacuna me va dejar regresar a mi trabajo”.

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