Main logo

Desempleo, pandemia y gastos, así viven pescadores de Antón Lizardo

Familias enteras dependen de la pesca y los viajes a islas cercanas de Antón Lizardo, pero por la veda durante pandemia no pueden trabajar

Escrito en VERACRUZ el

La luz al final del túnel vuelve a ser lejana para decenas de familias de Antón Lizardo, pueblo de pescadores en Alvarado, ubicado a 20 minutos de la zona conurbada Veracruz-Boca del Río.

La tercera ola de covid-19 en Antón Lizardo es invisible, pero se siente al entrar al pueblo. Los contagios en la comunidad volvieron a dispararse y los prestadores de servicios enfrentan nuevamente las restricciones del pasado.

Los rumores en las comunidades vecinas revelan la crisis sanitaria a la que el pueblo se enfrenta; apenas el jueves de la semana pasada murieron 12 personas a causa de la covid, afirma una mujer de Playa Zapote.

Las palapas están vacías y las lanchas, sujetadas por cuerdas a la arena, se mueven solo por el golpeteo de las olas que llegan hasta la playa.

Es un mal día para Víctor Yépez, como malas fueron las últimas dos semanas, desde que la Capitanía de Puerto de Alvarado ordenó el cierre de la Isla de Enmedio y la suspensión de los paseos en lancha.

La isla alvaradeña permanece cerrada desde el 2 de agosto; nadie puede acercarse siquiera, pese a que los turistas que llegan a Antón Lizardo, que son pocos, según el lanchero, insisten en visitarla.

“Nada más tenemos cerrada aquí la isla, porque Cancuncito en Veracruz está trabajando; como pertenecemos a Alvarado nosotros pues el capitán de allá fue el que dio la orden de cerrar la isla”, señala.

Sus 78 años y la piel curtida por el sol dejan al descubierto en Víctor lo que hasta 2020 era una vida ininterrumpida entre las aguas de Antón Lizardo, pues la tercera ola de la covid lo dejó sin trabajo por segunda ocasión en la pandemia. 

“Estamos esperando que nos abran la isla para poder trabajar”, dice.

Como él, otra treintena de lancheros se encuentran a la espera de que la Capitanía de Puerto libere el acceso a la isla. Mientras tanto nadie se arriesga a embarcar al turismo, por miedo a una sanción.

A lo largo de la playa de Antón Lizardo – sede de la Heroica Escuela Naval Militar – permanecen varadas 16 lanchas con permisos oficiales para navegar, de cuya actividad subsisten al menos 100 familias de la comunidad, asegura Víctor. 

Quien se atreva a siquiera subir turistas a las lanchas podría quedar inhabilitado de por vida para volver a operar una embarcación, pues el personal de la Capitanía de Puerto sanciona a los infractores quitándoles la libreta de mar – el permiso para trabajar en aguas nacionales.

Mientras la actividad lanchera se mantiene pausada, Víctor sobrevive con mil 500 pesos mensuales que gana de la renta de un cuarto y, cuándo surge la oportunidad, trabaja como albañil o chapeando terrenos.

Para que el dinero le alcance, pues se hace cargo de sus hermanos, también se dedica a la pesca, tanto para la venta como para autoconsumo.

NI LA PESCA ES NEGOCIO

Junto a Víctor descansa Eduardo Martínez, un hombre de 56 años cuyo oficio es la pesca. Hoy volvió del mar solo con 20 kilos de pescado que apenas le alcanzan para reponer los gastos de gasolina, hielo y carnadas.

Ya ni la pesca es negocio en Antón Lizardo, pues los pescadores afirman que la contaminación por los residuos que llegan desde la Plaza El Dorado y hoteles de Boca del Río y la Riviera Veracruzana ahuyentan a las especies marinas.

De acuerdo con Eduardo, las ganancias de los pescadores son mínimas a causa de la escasez de diversos pescados y otras especies como el pulpo, pues cuando llegan a venderlas a las bodegas les descuentan los gastos de los insumos que las mismas empresas acaparadoras les dan.

Para los pescadores es difícil aventurarse a pescar mar adentro, pues para hacerlo deben pagar alrededor de 500 pesos para llenar un tanque de combustible de 20 litros que solo les permite navegar por una hora.

La tercera ola de covid paralizó nuevamente a Antón Lizardo, pueblo que vive del turismo y la pesca. La crisis es económica y sanitaria y ni siquiera las jornadas de vacunación evitaron que los contagios volvieran a dispararse en la comunidad.



am