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A sus 56 años, José sobrevive a pandemia vendiendo fruta en playas jarochas

Pese al norte por el paso del FF47 en la entidad, José Guadalupe recorre las playas jarochas vendiendo mangos y fruta picada a los bañistas; no teme a la covid-

  • VÍCTOR M. TORIZ
  • 02/04/2021
  • 21:12 hrs
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A sus 56 años, José sobrevive a pandemia vendiendo fruta en playas jarochas
Desde hace 15 años recorre cada fin de semana la playa La Bamba de Boca del Río para vender fruta picada a los bañistas, locales y foráneos.

José Guadalupe Santos Gerónimo arrastra su carretilla con fruta picada con dificultad en la arena suelta que se levanta y le golpea en los ojos, con las rachas violentas de viento que azotan en la playa de Boca del Río.

En otros tiempos, con un clima así, se hubiese quedado en su casa a descansar para no arriesgarse a que la fruta se le echara a perder, pero la crisis por la pandemia de covid lo obliga a salir a vender en Viernes Santo y con un norte que sopla a más de 50 kilómetros por hora en la línea de costa.

Mangos clavados en un palo y rebanados en forma de flores, jícama en vasos y una sandía que lleva entera llaman la atención a la vista, más que el par de cartulinas de tonos fluorescentes en el que anuncia sus productos. 

Debajo de su cubrebocas surgen saludos para otros vendedores, franeleros, palaperos y hasta para los guardavidas que resguardan la playa desde su torre de vigilancia.

Desde hace 15 años recorre cada fin de semana la playa La Bamba de Boca del Río para vender fruta picada a los bañistas, locales y foráneos, que visitan la bahía.

Asegura que en ese tiempo ha hecho amistad con la mayoría de los vendedores y empleados municipales que se trabajan en el lugar, incluso con bañistas que con regularidad visitan el mar.

Lo conocen como el "médico", porque así le decían en su pueblo natal desde niño, debido a una gabardina blanca que utilizaba cuando hacía frío, aunque no estudió más que la primaria, en donde dice que aprendió a contar lo suficientemente bien para dedicarse a la venta de frutas y verduras desde que recuerda.

Los últimos 15 años ha vivido en la ciudad de Veracruz, a donde llegó una temporada vacacional para vender en las playas y donde encontró un lugar seguro para generar ingresos, hasta que llegó la pandemia de covid-19.

Sobrevivió vendiendo en los semáforos

A sus 56 años asegura que no es fácil encontrar trabajo, la situación se complica más debido a la pandemia.

Hace un año, cuando se decretó la emergencia sanitaria por la pandemia del virus SARS-CoV2, optó por regresar a su pueblo natal en Jalacingo, municipio veracruzano enclavado en los límites con el estado de Puebla.

Sin embargo, fue peor regresar a Jalacingo, pues a pesar de estar cerca de sus familiares el desempleo era peor. Se mantuvo por ese tiempo de sus ahorros, pero el dinero se acabó pronto.

En menos de un mes estaba de regreso en la ciudad de Veracruz para vender bolsas de limones en los semáforos, lo que ganaba ya no era como antes, pero le servía para pagar la renta de su cuarto y hacer una o dos comidas por día.

La escuela ubicada en la avenida Jesús Reyes Heroles en la que acostumbraba a vender mango picado, jícama con chile, sandía y naranja pelada envió a sus alumnos a casa para tomar clases presenciales y se quedó sin clientes.

En la playa La Bamba de Boca del Río, en la que vendía cada fin de semana, se prohibió el comercio por más de siete meses para evitar que los bañistas generaran aglomeraciones que aumentaran los contagios de covid-19.

José Guadalupe afirma que jamás se rindió, seguía comprando frutas y verduras de la temporada para vender en los cruceros, aprovechando el semáforo en rojo para pasar por la ventanilla de los automovilistas.

Semana Santa le dará respiro

José Guadalupe no le tiene miedo al coronavirus, pero sí cree en la existencia del virus SARS-CoV2 y en que la enfermedad de la covid-19 puede ser mortal. Sin embargo, afirma que si se queda en casa no tendrá dinero para comer.

Aunque sus dos hijas y sus tres hijos ya son mayores y se mantienen por su cuenta, asegura que debe de sacar los dos mil pesos mensuales que paga de alquiler del cuarto en donde vive, además de las comidas del día y sus gastos básicos.

Después de un año complicado en donde las ventas eran esporádicas, espera que la Semana Santa le dé un respiro. Este Viernes Santo espera ganar por lo menos 300 pesos con la venta de fruta en las playas.

Antes de la pandemia afirma que se ganaba hasta mil o mil 500 pesos en un rato durante los fines de semana de la temporada vacacional, pero ahora la llegada de turistas, aunque multitudinaria, no se compara a la de años anteriores a la pandemia.

Al igual que otros comerciantes y prestadores de servicios turísticos, afirma que la Semana Santa debe ser aprovechada porque no sabe cuándo estará mejor la situación.

De momento, dice que no le queda de otra más que ajustarse bien el cubrebocas, limpiarse las manos con el gel antibacterial que carga en un frasco cada que toma dinero y apurarse a vender lo que carga en su carretilla.

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